¿Cómo reinventar, redefinir y co-construir la noción de humanismo en la era digital a través de sus valores, su diversidad, para preservar y crear?

La aplicación generalizada de la tecnología digital en todas las actividades humanas afecta profundamente nuestro modo de vida y, por consiguiente, nuestras representaciones mentales y los modelos asociados con ellas. El lugar cada vez más importante que ocupan la virtualización, la geolocalización y el constante uso de máquinas y objetos de comunicación generan nuevos hábitos de interacción a través de protocolos que nos suelen resultar bastante oscuros. Así pues, casi sin ser conscientes de ello y sin oponer resistencia, integramos unos protocolos que nos hacen entablar una relación inédita con las interfaces y las innovaciones tecnológicas, sean para uso profesional, personal, sanitario, pedagógico, artístico o de entretenimiento. El espacio de vida, aprendizaje, cuidado, acción y relación se convierte, en particular para los nativos digitales, en un espacio híbrido que se alimenta a un tiempo de cierta separación de la realidad y, paradójicamente, de una reinscripción territorial inédita gracias a la geolocalización de los datos personales. Nuestros modelos tecnológicos, económicos y sociales se están transformando sin que nos cuestionemos colectivamente sobre sus efectos para la civilización.